Tenemos un problema que no viene de nuestra condición social o económica, sino de una raíz más profunda. Tiene su base en una injusticia que no está sólo en estructuras y sistemas, sino en la realidad de cada uno de nosotros que la Biblia llama pecado.
Esta producción hispano–argentina cuenta de nuevo con el atractivo de Ricardo Darín, que hace el papel de cura –nuevamente en un papel dramático, muy diferente al registro de comedia que le ha hecho popular–, junto con el actor belga Jéremie Renier –que hace aquí su primera incursión en el cine de habla hispana, después de haberse dado a conocer con los hermanos Dardenne–. Los dos sacerdotes representan dos generaciones con diferentes actitudes ante el problema pastoral, a los que se une una trabajadora social –interpretada por la esposa del director, Martina Gusman–, que intenta ayudar a los vecinos con talleres, actividades de rehabilitación y apoyo escolar. CRISIS DE FE El personaje de Darín –Julián– es un sacerdote católico, que hace una ′labor más social que pastoral′ –como bien observa Gregorio Belinchón en un medio tan poco religioso como El País–. Estamos, por lo tanto, ante una visión de la Iglesia cercana a la teología de la liberación, que lucha contra una jerarquía sospecho...