El dolor no aleja necesariamente a las personas sino que las acerca

Sin contar el final, podemos decir que la película nos muestra cómo el dolor no sólo aleja a las personas, sino que las acerca. Hace que crezca la intimidad y que vuelva el amor. No un amor que cierra los ojos a la realidad, sino que se revela a pesar y por medio del dolor que producimos o sufrimos de otros. En una de las escenas más sorprendentes de la película, Rogers le pide a Vogel en una cafetería que se queden en silencio por un minuto, para pensar en las personas que nos han hecho cómo somos. Durante ese largo e incómodo silencio, el rostro de Hanks se muestra inexpresivo ante la cámara, como invitando al espectador a hacer lo mismo. En el artículo original de Junod –aparecido en la revista Esquire en 1998–, el periodista cuenta cómo Rogers le invita a una reunión de oración y siente algo de la gracia divina: "¿Qué es la gracia? No estoy seguro. Todo lo que sé es que sentí como si algo atravesara mi corazón, y se abriera en aquella habitación como un paraguas". Es uno de esos momentos reveladores que hay en la vida, que nos muestran la realidad de lo que somos, pero también quién es ese Dios que nos habla en nuestro dolor. /// José de Segovia nos habla hoy en entrelineas.org sobre " en el artículo "Los incómodos silencios de un amigo extraordinario" ❤ ¿Te parece interesante? Para saber más puedes seguir leyendo en entrelineas.org/revista/un–amigo–extraordinario


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