Porque lo que hacemos, un día acabará, nuestra influencia cesará y nuestros seres queridos pasarán

Una señora mayor camina encorvada y vacilante, con la cabeza rodeada de una bufanda, a la tienda del barrio para comprar un paquete de leche. Al escuchar el precio, comienza a refunfuñar, molesta por los titulares de los periódicos y la rudeza de los clientes. Vuelve arrastrándose a casa, sin que nadie en el comercio o en la calle la reconozca, a pesar de ser una de las figuras icónicas del Reino Unido en los años ochenta: Margaret Thatcher. Encontramos aquí a La dama de hierro como una anciana vulnerable que conversa con el fantasma de su marido, mientras recuerda su vida en flashbacks. Es ese tiempo presente el que te sorprende, más que su origen humilde y su papel pionero como mujer en el partido conservador. La película elude los aspectos más escabrosos de la política de Thatcher, para presentarnos a una señora decrépita que muestra ya síntomas de senilidad, mientras es vigilada por su hija, enfermeras y asistentes. /// José de Segovia nos habla hoy en entrelineas.org sobre " en el artículo "La dama de hierro: La vejez de La dama de hierro" ❤ ¿Te parece interesante? Para saber más puedes seguir leyendo en entrelineas.org/revista/la–dama–de–hierro


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