Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos
En el 94 se ve implicado en el caso Roldán, cuando engaña tanto al cesado responsable de la Guardia Civil, como a los ministros Asunción y Belloch, por medio de unos papeles firmados por un supuesto capitán Khan y un sello que ni siquiera corresponde al gobierno de Laos, país que nunca pisó Roldán. Todo por unos diez millones de euros que le sacó al director de la Benemérita y casi dos del ministro español. En el 98 finge su muerte por un paro cardíaco en Tailandia, publicando sus esquelas y falsificando su certificado de defunción, encargando incluso misas en su nombre. En la actualidad se cree que vive en París, pero su nombre se ha relacionado desde entonces, tanto con ejércitos mercenarios en Guinea, como con la mafia rusa. Su firma aparece hasta en los recientes "papeles de Panamá"... Si la trama de la película resulta algo confusa, es porque como se suele decir, los protagonistas mienten más que hablan. No sólo el sobrecogedor personaje encarnado por Eduard Fernández (Paesa), sino también el mucho más humano y vulnerable, interpretado por Carlos Santos (Roldán), que miente por sistema, hasta cuando ve la televisión y dice que ha estado leyendo una novela de Dumas. La mujer de Paesa le dice en una ocasión, irónicamente, que no es que no quiera decir la verdad. Es que "para eso, ¡hace falta práctica!" /// José de Segovia nos habla hoy en entrelineas.org sobre "Alberto Rodríguez y el hombre de las mil caras" ❤ ¿Te parece interesante? Para saber más puedes seguir leyendo en entrelineas.org/revista/alberto–rodriguez
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