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Baricco se atreve incluso a plantear en clave teológica la contradicción constante en el pensamiento cristiano entre alma y cuerpo

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Hay dos formas en las que podemos querer ser nuestro propio señor y salvador. Podemos decir: "voy a vivir mi vida como quiera". O como el protagonista de la novela de Flannery O"Connor, Hazel Motes en Sangre sabia, descubrir que "la mejor forma de evitar a Jesús es evitar el pecado". Porque si uno intenta vivir moralmente, para que Dios te haga bien y te salve, Jesús puede ser tu modelo o tu maestro, pero no tu Salvador. Estás confiando en tu propia bondad, más que en Cristo Jesús. Intentas salvarte a ti mismo, siguiendo a Jesús. Esto es, irónicamente, un rechazo del evangelio de Jesús, una forma cristianizada de religión, intentando mantener la moralidad, pero evitando a Jesús como nuestro Salvador. Los personajes de Emaús descubren que "mucho antes que en Dios, creemos en el hombre –y tan sólo esto, al principio, es la fe" (pág. 89). Hasta que un día descubren que caminan "ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos, fiándonos de un D...

Como en el ajedrez, su ventaja en esta jungla, es que ellos anticipan los movimientos de los otros jugadores.

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Lo que pasa es que esta es la versión norteamericana de una miniserie de la BBC, hecha a principios de los noventa. Lo que para algunos hoy, es casi prehistoria, ya que parece que no ha habido series creativas en televisión, antes de "Los Soprano" –lo más que te pueden decir, es "Twin Peaks"–. El problema es que yo me habí­a ido al otro extremo. Llevaba ya varios años, que no veí­a más que series de los años setenta. Estaba hecho un friki –como permite ahora decir la Real Academia de la Lengua–. Habí­a conseguido todas las series de mi infancia, en oscuras ediciones en DVD de Estados Unidos, cuando unos buenos amigos y hermanos sevillanos, afincados desde hace tiempo en Madrid –Julio Martí­nez y Marimar Gómez–, tuvieron misericordia de mí­ y se aseguran de proveerme de series como esta. Gracias a ellos, me voy reconciliando un poco con el presente. Ya que sin su ayuda informática, creo que seguirí­a utilizando la máquina de escribir" /// José de Segovia nos hab...

Las imágenes históricas de genocidios sirven para acreditar la gravedad del mal al que se hace referencia en The Addiction (1996)

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El primer largometraje de Abel Ferrara se tituló "9 Lives of a Wet Pussy" (1977) y es en realidad una película pornográfica en la que el propio director aparece leyendo la Biblia. Justo antes de cenarse un pescado, partir el pan y beber el vino, Abel Ferrara alias Jimmy Boy lee con todo detalle el controvertido texto de Génesis donde las hijas de Lot se acuestan con su anciano padre. La imagen de un padre anciano de hecho vuelve a aparecer justo al principio de su segundo largometraje "The Driller Killer" (1979). El segundo largometraje empieza con un joven Abel Ferrara alias Jimmy Laine entrando despacio por el pasillo central de una oscura iglesia católica de New York. Su aspecto de hijo pródigo trasnochado se deduce desde el primer plano tomado desde la espalda, pero se evidencia del todo cuando llega al banco de la primera fila. Allí parece reconocer a un hombre anciano y barbudo, que murmura de rodillas lo que parecen unas súplicas incomprensibles acerca del pe...

El famoso hijo del pintor surrealista Edgar Ende había pasado sus últimos quince años escribiendo, hasta la desgraciada muerte de su esposa

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Su último libro, El espejo en el espejo, es una colección de relatos, entrelazados entre sí, a modo de cuadros íntimos e interiores. En palabras de su autor, "auténticas escenas infernales", que no pretenden ser nada más que "historias de la tragedia humana". Cada una de ellas nos introduce en un mundo cerrado, como su subtítulo indica, laberintos, pero éstos sin salida. "Desde luego, este no es un libro para niños, aunque sólo fuera porque hay ciertas facetas oscuras en la vida que no deben mostrarse a los niños", dice Ende. Y es que realmente son pesadillas, en las que la muerte y el horror son el principal protagonista. La tragedia de gente desamparada, en una estación de la que nadie puede salir jamás; un buscador de ángeles, que al regresar a casa la encuentra cubierta de repugnantes ratas; un novio impaciente, que busca toda su vida el camino hasta la casa de su amada, para encontrarse ya viejo y maltrecho con la decepción" /// José de Segovia n...

Dios permenecerá aquí­ miles de años después de nuestra muerte y no necesita que lo reinventemos cada 15 años

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Al empezar su canción con la palabra "Jehová" o "Señor", podemos estar seguros de que el salmista comienza también descalificando cualquier lectura de interpretación privada que pueda hacerse del texto. Esto es especialmente importante decirlo hoy dí­a cuando este salmo parece que, por ser más de dominio público, puede utilizarse con más libertad como un mantra genérico en el que cada cual pone a su señor donde el salmista dice el Señor. Lo hemos visto hacer especialmente en el lecho de muerte de muchos como si fuese un abracadabra personalizable y ha quedado registrado en series de televisión como Lost o Glitch. El pastor, el Señor al que se refiere el salmista y al que se le atribuyen todos estos méritos, de quien proceden todos estos beneficios, no es sino Jehová, el Dios que se reveló a Abraham, Moisés y David. Es de ese Dios, eterno, revelado a sus hijos dentro de un tiempo y un espacio concretos, de quien quiere hablar. No es ese Señor el dios de los filisteos...

Los largos silencios, la compañía de los árboles y las cascadas que rodean la mansión donde ocurre la puesta en escena, junto a la sensación de aislamiento vital y atmosférico se instalan en los últimos días de Blake (personaje totalmente inspirado en Ku

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En esta pelí­cula, Gus Van Sant vuelve a trabajar, después del polémico y pop experimento de reescritura cinematográfica que emprendió en Psycho (1998), con el director de fotografí­a Christopher Doyle, un auténtico artista independiente, rompedor de cualquier molde y acercamiento a lo tí­pico, colaborador de Wong Kar–wai y Jim Jarmusch. En este acercamiento al mundo cerrado y lleno de códigos internos de los skaters, Van Sant nos guí­a por un sugerente paisaje adolescente, hacia el cruce de caminos por el que se saludan la juventud y la muerte, colocando incógnitas en relación a un crimen, y despejándolas después, a la par que se desvela el orden de los sucesos, algo que más tarde realizó Clint Eastwood en la primera mitad de El Intercambio (Changeling, 2008) Alex va mientras tanto de un lado al otro como el narrador de Memorias del subsuelo, de Dostoyevski: sin un rumbo fijo, alimentándose de ese vací­o que le rodea, tropezando con desconocidos y anotando detalles febriles en su diar...

La magia del programa pasaba por los encuentros con los personajes venidos allende los mares

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O sea, uno de los grandes iconos del cine y la literatura de terror convertido en un personaje que, a pesar de reproducir un entorno entre tenebroso y polvoriento y de contarlo todo entre truenos, relámpagos, risas de malo (esas que quieren ser como más guturales) y unos extraños ritmos a medio camino entre zí­ngaros y sonidos de violí­n desafinado, se convirtió en el favorito de muchos niños. Eso sí­, recuerdo que al conde no le asustaba la luz (sobre los ajos no tengo referencias) y tení­a una obsesión por contar cualquier objeto, numéricamente hablando claro. De hecho (eso lo supe mucho después claro), existe la creencia de que los vampiros sufren de aritmomaní­a, un trastorno obsesivo compulsivo que consiste, precisamente, en tener que contar objetos o acciones continuamente. No es casualidad, pues, que el nombre original de mi querido conde fuera, en inglés, el de Count Von Count (un nombre más apropiado), un personaje incrustado en mi memoria infantil a la altura del Mazinger Z q...